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Una escapada al paraíso

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No me gustaría por nada del mundo menospreciar las bellezas de la naturaleza y de la historia que tenemos en la Península. España está llena, que digo llena repleta de lugares fantásticos en los que perderse y pasar momentos inolvidables pero en esta ocasión debo de deciros que he venido medio hipnotizada de Mallorca.

He viajado recientemente a la isla para la celebración de la boda de un familiar. Lo primero a destacar es el vuelo, apenas uno hora de viaje, no te da tiempo ni de visitar el baño del avión y eso es de agradecer, poder salir de España en un trayecto tan corto.
Nada más llegar al aeropuerto te puedes informar de todo y por todo gracias a los soportes metacrilato que hay colocados estratégicamente a cada pocos pasos. Una manera de no perderte nada digno de ver es ir cogiendo folletos de estos expositores y posteriormente decidir a dónde vas a ir primero.

Mallorca es un lugar precios, aunque debo de decir que me ha sorprendido mucho el nivel de desgaste que tiene, es decir, las calles no están muy limpias, todo parece más viejo de lo que realmente es y da la sensación de haber retrocedido al menos diez años en el tiempo.
Las playas, las calas y todo lo que está cerca del mal no tienen igual, son todas preciosas y muy limpias, la gente es muy agradable aunque a algunos se les llena la boca la hablar en mallorquín.

La catedral una preciosa edificación y el castillo del siglo once uno de los lugares más impresionantes que tiene la isla, en él se celebró la ceremonia  a la que asistí y debo decir que fue muy emotiva y bonita, además las vistas que se obtienen desde los torreones del castillo no tienen igual.
Una visita a la iglesia de la Virgen de Lluc es una visita obligada ya que es un lugar fantástico para pasar un día festivo. El único inconveniente que le veo es que la carretera que lleva hasta ella es muy encrespada y llena de curvas lo cual se complica mucho por la afluencia de ciclistas en pelotones en parejas o en solitario lo que obliga a reducir la velocidad y lo que en principio son quince kilómetros acaban pareciendo cincuenta por lo que se tarda en subir, aunque indiscutiblemente merece la pena por poder contemplar lo que hay en la cima.