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Servicios Financieros: la clave para el sueño de la casa propia

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Antes de meterme en un crédito hipotecario, nunca me había detenido a pensar en cómo funcionaban o cómo podían beneficiarme los servicios financieros. De hecho, no sabía casi nada al respecto; por suerte, existen páginas como esta, donde se puede aprender más sobre los servicios financieros. Con un poco de asesoramiento y ayuda, pude sacar un crédito que me permitió a mí y a mi marido cumplir el tan ansiado sueño de la casa propia. Aquí, nuestra historia.

El principio de todo

Joaquín y yo nos conocimos en la fiesta de egresados de mi hermana Noelia hace diez años atrás. Me acuerdo como si fuera hoy: yo llevaba puesto un vestido largo verde agua y él una camisa blanca con las mangas arremangadas. Era diciembre y hacía un calor agobiante. Joaquín había terminado la escuela secundaria hacía tres años y yo estaba finalizando mi primer año en Relaciones Públicas.

Fue amor a primera vista. Él se acercó a hablarme mientas el DJ pasaba un tema de los Black Eyed Peasque en ese entonces se escuchaba en todos lados. Yo lo miré mientras sostenía una copa de vino blanco. Charlamos, me hizo reír, me invitó a bailar y yo supe que él iba a ser el hombre de mi vida.

Cuando me recibí, cuatro años después, nos fuimos a vivir juntos. Alquilamos un departamento cerca de la casa de sus padres, sin patio ni balcón.  Él, para ese entonces, ya trabajaba como técnico en la empresa de telecomunicaciones donde se desempeña actualmente. Yo, en cambio, estaba desempleada. Esos tiempos fueron difíciles, hasta que conseguí entrar en el staff de una empresa de marketing y publicidad.

Ya en aquél entonces empezamos a prestarle atención a los distintos servicios financieros que nos ofrecían los bancos para poder empezar a planificar una casa. Pero, desafortunadamente, aún contábamos con muchísimos gastos fijos, deudas, y no pudimos emprender ese camino seriamente hasta varios años después. Además, en ese momento no lo sabíamos, pero todavía nos faltaban vivir muchísimas cosas.

La velada de las sorpresas

Una noche de diciembre de 2012, Joaquín y yo estábamos celebrando nuestro quinto aniversario en un bonito restaurant del barrio porteño de Palermo. Nos sentamos en una mesa para dos en una terraza cuyo techo estaba cubierto por completo de luces blancas con formas de estrellas.

Joaquín pidió una botella de champagne y yo no quise contradecirlo para no arruinar la velada. Él movía las manos y se las refregaba y me di cuenta que estaba nervioso. Pensé que, quizás, era el estrés de fin de año o el calor en la ciudad de Buenos Aires que puede ser agobiante.

Pero no. Cuando nos trajeron el postre, entre lágrimas, me propuso casamiento. Yo no podía hablar. No solo por la emoción, sino porque además también tenía una sorpresa para él. Entonces, le conté que estaba embarazada. Nos abrazamos y ese fue uno de los momentos más felices de mi vida.

Recién casados

Me casé embarazada de seis meses en un Registro Civil de mi localidad en la provincia de Buenos Aires. Después, nos fuimos a almorzar con nuestros familiares y amigos a una parrilla con un predio gigante donde pudimos festejar a nuestro antojo. Al poco tiempo, nació nuestro hijo, Ignacio.

Ya desde sus primeros meses, Joaquín y yo fuimos absolutamente conscientes de que el departamento de dos ambientes donde vivíamos no iba a servir durante mucho tiempo para criar a nuestro hijo. Era una casa demasiado pequeña donde el moisés del bebé estaba en la cocina-comedor. Sabíamos que el tiempo pasaría rápido y que pronto deberíamos tomar medidas para conseguir un lugar más grande donde Ignacio pudiera tener su cuarto propio.

Una noche, cenábamos en la casa de mis suegros, cuando mi cuñada me comentó del Pro – Cre – Ar. Yo había escuchado algo en la televisión, pero nunca había averiguado seriamente de qué se trataba. Entonces me contó que, si bien no era fácil salir sorteado, a través del Pro – Cre – Ar el Estado, en conjunto con los bancos, te otorgaba un crédito cuyo pago mensual era equivalente al pago de un alquiler.

 

 

Servicios financieros: mi experiencia con Pro – Cre – Ar

Esa noche, cuando lo dormimos a Ignacio, Joaquín y yo nos metimos en el sitio web de Pro-Cre-Ar. Nos enteramos de que era un programa de créditos muy accesible, donde además el Gobierno te entregaba un subsidio no reembolsable, y que nosotros, por nuestros salarios, contábamos con los requisitos. No teníamos terreno propio, así que, con mucho entusiasmo, nos anotamos en la opción de compra.

Pasaron dos o tres meses sin recibir noticias, hasta que una mañana de junio un mail en mi bandeja de entrada me hizo saltar el corazón: habíamos salido sorteados para la entrega del crédito. Llamé por celular a mi marido, que estaba trabajando, y ambos no dábamos más de la alegría.

Como no sabíamos cómo continuar, buscamos asesoramiento sobre este tipo de servicio financiero y hasta que no nos sentimos absolutamente seguros de lo que estábamos haciendo, no empezamos a desfilar por los diferentes bancos para que nos otorgaran el crédito.

La recta final

Luego de averiguar en tres bancos distintos dimos con el que se ajustaba a nuestras necesidades: nos dieron el sí desde la primera reunión. A partir de allí, concentramos todas nuestras energías en encontrar una casa en venta que coincidiera con los montos estipulados por el programa.

No sé si fue buena suerte o una especie de milagro, pero encontramos una casa preciosa en una esquina a pocas cuadras de la casa de mis padres, en el barrio de mi infancia. No podía estar más feliz: Ignacio se iba a criar en una cosa propia, en el mismo barrio que me crie yo.

El tema de los papeles quizás nos hubiera sobrepasado, si no hubiéramos contado con la ayuda profesional necesaria. A los seis meses, cerca de fin de año y cuando cumplíamos nuestro octavo aniversario, concluimos con todos los trámites y nos otorgaron la escritura de nuestro nuevo hogar.

Hoy no puedo estar más que agradecida a todas las personas y entidades que nos ayudaron a que mi familia y yo podamos hacer realidad el sueño de la casa propia.